Transformación

El silencio no siempre es señal de apatía, en ocasiones es el reflejo de un proceso necesario, íntimo, introspectivo. A veces las palabras pierden su sentido, la verborrea  se anula, y uno empieza a mirar hacia dentro, dentro, muy dentro... Y al toparse con el espejo interior que habita en el autoconcepto, nos hallamos faltos de coherencia y de equilibrio: estamos cambiando.

Las ideas y acciones mutan en distintos ritmos, en una coreografía desfasada que nos abruma y hace preguntar qué somos, ¿discurso? ¿acción? ¿actitud? ¿ideales? ¿miedos? Una conglomeración de realidades físicas y mentales que en distintos puntos de la vida, chocan, se transforman, luchan por imponerse y prevalecer. Estos puntos forman el trazo de nuestra línea vital, constante,  siempre cambiante. Pero en ciertas bisagras somos conscientes del lápiz que se acerca a la hoja, para colocar en cámara lenta un soy, y un hacia allí voy.

Un par de veces me ha sucedido, y en este momento estoy depositando el lápiz, apoyándolo, y dejando en mi hoja un nuevo punto de partida, producto de una revisión general.

Últimamente no he escrito mucho en el blog, pese a tener ganas de hacerlo. Las palabras no salían, mis lecturas se tornaron más íntimas y lentas, me ayudaron a despertar.

Cuando creé este sitio, la lectura era una "grieta, por la que podía escapar de aquella familia, de aquel barrio, de aquella opacidad"; era un refugio donde me aislaba y evadía, donde sí, crecía, pero de una forma abstracta y poco incidente en mi accionar.

Cuando me vi reflejada en el espejo, ya no leía cinco horas al día, ya no me obligaba a escribir algo aquí día por medio. Me estaba tomando las cosas con más calma, tanto en lo vinculado a la lectura como en lo general. Me desligué de lo cuantitativo, de un deber ficticio que me decía que la cantidad y la velocidad eran sinónimos de calidad y éxito. Nunca fui una traga libros, ni una escritora banal, pero ahora sé degustar con mayor absorción lo que ingiero y produzco.

Mi burbuja se fue abriendo poco a poco, ya no quiero un refugio que me proteja del mundo que formo parte, ahora la lectura se convirtió en una herramienta -no en la única- con la que puedo transformar aquella familia, aquel barrio, aquella opacidad, este mundo que requiere coherencia entre voluntad y accionar.

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