Desde el punto de vista de un no lector, este verano no hice nada.

Punto de vista que no considero acertado, ya que aunque no me trasladé al extranjero, ni me bronceé, presencié historias maravillosas de la mano de autores que tuve el honor de conocer.
Michael Ende, Charles Dickens, Paul Auster, Sigmund Freud, Gabriel Rolón, Andrés Neuman, Jane Austen, Louisa May Alcott, Roald Dahl, fueron sólo algunos de los que conocí en estos tres meses. Estas amables personas me prestaron algunas de sus obras para refugiarme temporalmente en ellas, para aprender a la par de sus personajes, para deleitarme con sus hazañas y situaciones, como una intrusa imperceptible, activa y pasiva en su mundo de papel palabras y vida.
Vida, sí, esa combinación de letras, palabras, oraciones y enunciados no quedaban desconectadas, se unían, se entrelazaban y la magia se generaba en mi mente. Cada vez que me topo con un nuevo libro me pregunto cómo esa magia es concebida, cómo una combinación de símbolos puede ser traducida a imágenes mentales... Eso sigue siendo una gran incógnita para mí, pero al fin y al cabo la magia sucede, y nosotros estamos ahí para disfrutarla.

Comentarios

  1. Oh wow!!! Ji ji ji (entre nos)!!! La verdad q textuales palabras de la sensación q nos dejas cada vez q comentas algún libro leído. Se nota q realmente te compenetras en la lectura!

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  2. Muy bien definido, excelente!

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  3. Excelente entrada! Completamente verídica. Parece increíble que tan sólo un poco de tinta sobre papel nos pueda teletransportar a lugar inimaginables. Todo empieza desde la mente y el pensamiento del escritor, pasa a un papel, llega a nosotros. Y desde que empezamos a leer, nuestro mundo se deforma de forma fantasiosa. Nos llegamos a creer la realidad que tenemos frente a nuestros ojos como si fuésemos esquizofrenicos. La magia de la lectura sin sin dudas es inmedible.

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